Crimen machista de Montequinto. El homicida que mató a Yaqueline acepta una condena de once años de cárcel

El 16 de diciembre de 2022, en el bloque 9 de la urbanización Sector Triángulo de Montequinto, Julio Alfonso C.R. mató de varias puñaladas a quien había sido su esposa durante catorce años. Ella se llamaba Yaqueline y desde entonces es una víctima más de la interminable lista de mujeres cuyas vidas son segadas por sus parejas o sus ex. El caso iba a ser enjuiciado por un jurado popular, pero las partes alcanzaron antes un acuerdo que se materializó ayer en la Audiencia de Sevilla. El criminal admitió los hechos, expresó su “total arrepentimiento” y fue condenado a once años de cárcel por homicidio, que no asesinato, y a nueve meses más por saltarse una orden de alejamiento. La Fiscalía, la Junta de Andalucía y la familia de la víctima estuvieron conformes.
Los hechos que quedarán fijados en la sentencia son los que la fiscal relata en sus conclusiones definitivas. El acusado, un colombiano de 46 años, y la víctima, guatemalteca de 31, estaban casados y tenían tres hijos de diez, seis y cuatro años. La relación acabó en septiembre de 2022 porque él la maltrataba. Ella lo denunció y un juzgado de Dos Hermanas le impuso la prohibición cautelar de acercársele a menos de 200 metros. Un mes después, un juzgado de lo Penal lo condenó a 40 días de trabajos en beneficio de la comunidad por un delito de malos tratos.
A pesar de la orden de alejamiento, Julio Alfonso C.R. siguió yendo “prácticamente a diario” al piso de la víctima. Es más, de noche dormía en su coche, que estaba aparcado “justo enfrente” del bloque, “a escasos 32 metros del portal y 60 metros de la vivienda”. Y no sólo eso. También “entraba y salía con asiduidad” de la casa porque recogía a sus hijos y los llevaba al colegio todos los días.
El crimen ocurrió entre las 8.00 y las 8.20 de la mañana del 16 de diciembre de 2022. La pareja discutió por motivos desconocidos y ella, “temiendo por su integridad física y para defenderse”, cogió un cuchillo de la cocina. Él se lo quitó. Según la fiscal, manifestó así “una actitud de dominación y superioridad sobre ella”. Acto seguido, “con ánimo de acabar con su vida”, la apuñaló varias veces. Y a continuación, “con ánimo de acabar definitivamente con su vida”, propinó a Yaqueline más cuchilladas “en zonas vitales a la altura del corazón y del pulmón”. Ahí le causó siete heridas, entre ellas una mortal en el corazón. Aunque llegó a ser auxiliada por unas vecinas, en el rellano “se desplomó en el suelo, sin poder casi articular palabra”. Falleció a las 2.36 horas del día 17 en el Virgen del Rocío por “shock hipovolémico y cardiogénico”.
El homicida, “plenamente consciente de haber apuñalado a su mujer”, se quedó por su parte en el domicilio familiar y supuestamente trató de suicidarse. En realidad no pasó de hacerse una herida “superficial” en el cuello y otra “en proceso de cicatrización” en el pecho. En otras palabras, lo intentó pero no lo suficiente.
Adelantó 9.000 euros para reparar el daño
Ante el tribunal de la Audiencia, Julio Alfonso C.R. se conformó ayer con una pena de once años de cárcel por un delito de homicidio con las agravantes de género y parentesco y las atenuantes de confesión tardía y reparación del daño (antes del juicio consignó 9.000 euros para resarcir a sus hijos y al hermano de Yaqueline). Inicialmente llegó a ser investigado por asesinato y antes del acuerdo se exponía a una petición de quince años, así que debe agradecerle esa importante reducción de la condena a su abogado, Alejandro Gómez Luna. Al letrado y a su antigua familia política, sin cuya generosidad no habría habido conformidad.
El homicida, además, pierde la patria potestad respecto de sus hijos, no podrá acercarse a menos de 500 metros de ellos durante 21 años y será expulsado de España cuando satisfaga las tres cuartas partes de la condena; no podrá regresar hasta diez años después. En cuanto a las indemnizaciones, que él se comprometió a abonar “poco a poco” tras declararse dispuesto a “hacer lo que haga falta”, tendrá que pagar 150.000 euros a cada uno de sus hijos y 80.000 al hermano de Yaqueline.
Su antiguo cuñado estuvo en el juicio. Con mucha emoción, gran entereza y una camiseta en recuerdo de su hermana, tuvo que oír cómo el homicida le pedía perdón y le expresaba su “agradecimiento por lo que está haciendo” con sus hijos, porque es él quien se ha hecho cargo de los niños tras viajar desde Guatemala. Antes estuvieron en dos centros de menores.
Una vez que la magistrada decretó la firmeza de la sentencia en la misma sala, el homicida intentó de nuevo dirigirse al hermano de Yaqueline, ahora cara a cara, para disculparse otra vez por el crimen. El otro hombre aguantó el tipo y, desde la más absoluta contención y exquisitez, no quiso saber nada de esas últimas palabras.
