El Dépor recupera su lugar legítimo

El Dépor recupera su lugar legítimo

No fue solo un partido. Ayer, bajo el cielo de A Coruña, el aire pesaba distinto, cargado de una electricidad que solo se siente cuando la historia está a punto de corregir un error. Cuando el árbitro señaló el final, el sonido que emergió de Riazor no fue un grito, fue un rugido atávico, un alivio que llevaba demasiado tiempo contenido en el pecho de una ciudad que nunca dejó de creer.

Las gradas, un lienzo infinito de rayas blanquiazules, estallaron en un éxtasis que desbordó el estadio para inundar las calles de la ciudad. En la plaza de María Pita, el epicentro del júbilo, la marea coruñesa se fundió en un abrazo eterno. Se vieron abuelos llorando junto a nietos que apenas conocían la gloria pasada, pero que ayer aprendieron lo que significa ser del Dépor.

"Volvimos", se leía en los labios de miles de aficionados mientras el cava corría y las bufandas giraban al viento como banderas de una batalla ganada. No importó el sufrimiento de las últimas temporadas, ni la dureza del camino recorrido en categorías inferiores; ayer, el Deportivo de A Coruña recuperó su lugar legítimo entre los grandes.

A Coruña amaneció hoy con resaca de felicidad, consciente de que, después de tanto tiempo, el escudo vuelve a lucir donde merece. El Dépor ya no es un recuerdo; es, de nuevo, una realidad de Primera.

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