Brujas y Flandes refuerzan su atractivo con incorporación del nuevo centro de arte BRUSK, la singular "Casa Abierta" para exposiciones de alto nivel

Enrique Sancho
Brujas siempre es un imán, una ciudad llena de sorpresas, un escenario magnífico para contemplarlo y vivirlo. Ahora, acaba de inaugurar BRUSK, un hito que redefine por completo su perfil cultural, demostrando que esta joya medieval no solo vive del pasado, sino que mira con fuerza a la vanguardia.
Inaugurado con el festival BRUSK FEST a principios de mayo, este espacio diseñado por los estudios Robbrecht en Daem y Olivier Salens rompe el molde del museo tradicional. No se define como tal, sino como un hub o una "caja vacía" de libre acceso en su planta baja, pensada para el encuentro y la experimentación.
Desde la Edad Media, en la que la ciudad producía artículos de lujo y era hogar de artistas y artesanos, Brujas y el arte siempre han ido de la mano. Durante más de 300 años la ciudad ha compartido este vínculo a través de las colecciones de sus museos y las exposiciones temporales celebradas en ellos, con lo que parte de las colecciones permanentes eran a veces inaccesibles. BRUSK da respuesta a este reto, como sede exclusiva de exposiciones de gran nivel, consolidando así la posición de Brujas como ciudad cultural.
Diseñado como un espacio accesible para todos los públicos, combina exposiciones temporales de arte antiguo y contemporáneo, actividades intergeneracionales bajo un mismo techo, y un animado espacio de restauración en un edificio contemporáneo integrado en el tejido medieval de la ciudad. Al mismo tiempo, BRUSK, que forma parte de Musea Brugge –13 museos y monumentos de primer nivel en Brujas–, ofrece espacio para conservar e investigar la rica colección artística del grupo de museos en los depósitos y espacios de investigación de vanguardia.
Su fachada y cubiertas de un tono verde oscuro evocan la pátina del bronce expuesto al tiempo y, de forma muy poética, el color verde agua de los icónicos canales de Brujas. Cuenta con salas monumentales inundadas de luz natural (la mayor de 40x40 metros) y techos inclinados que alcanzan los 13,5 metros. El corazón del edificio es una gran escalera central que rinde homenaje a los comerciantes italianos del siglo XIII. En este espacio destaca su gran joya permanente: un fresco monumental de 350 m² titulado The Whispering Walls Rêve, creado por la renombrada artista francesa Laure Prouvost; un laberinto visual de historias ocultas de la ciudad y el primer fresco de su carrera.
Grandes exposiciones de estreno
Dos grandes exposiciones ocupan estas primeras semanas: Bigger Picture (Connected worlds of Bruges 900-1550), una ambiciosa muestra histórico-cultural que explora las redes globales de la Brujas medieval, con préstamos históricos impresionantes como el Retrato de Mehmed II de Gentile Bellini (de la National Gallery) o manuscritos de la Biblioteca Vaticana. Siguiendo una línea expositiva que pretende unir el pasado y el presente de la ciudad, la exposición Bigger Picture explora las conexiones que en el pasado la convirtieron en uno de los centros comerciales más importantes y vibrantes de la Edad Media, capaz de establecer vínculos entre Escandinavia, el Mediterráneo, el Oriente cristiano y el mundo islámico.
Manuscritos raros, mapas medievales, hallazgos arqueológicos y tapices monumentales reconstruyen un entramado de relaciones que atraviesa continentes y culturas. La exposición invita así a reconsiderar la Edad Media más allá de la imagen de una época aislada, mostrando una Brujas profundamente integrada en las redes globales de la época y ofreciendo una reflexión sobre la globalización como fenómeno histórico de larga duración, capaz de redefinir continuamente perspectivas e identidades.
También Latent City, de Refik Anadol. El pionero del arte digital y la inteligencia artificial presenta una experiencia inmersiva que contrasta de forma fascinante con el entorno medieval de la ciudad. Y para hacer más atractiva y relajante la visita, dispone del Bar Brusk, una cervecería y restaurante con terraza. El bufé continuo ofrece una combinación de platos fríos y calientes, para todos los gustos. La cocina trabaja a diario con productos frescos de temporada y locales y sirve todo a precios asequibles y siempre con una sonrisa en los labios. El Forum, tienda y espacio de eventos y el Aula, completan la oferta, todos ellos accesibles sin necesidad de comprar entrada.
Mucho más que conocer
El nuevo centro BRUSK se conecta de forma natural con el impresionante distrito de museos de la ciudad (Musea Brugge). A solo unos pasos de BRUSK, el visitante se topa con las obras maestras de Hans Memling, Jan van Eyck y los Primitivos Flamencos. El contraste entre la pintura del siglo XV y el arte digital de Refik Anadol es el hilo conductor perfecto para hablar de la "eterna vanguardia" de Brujas.
Pero Brujas tiene mucho más que ofrecer, como el Campanario (Belfort) dominando la Plaza Mayor (Grote Markt), el romántico Muelle del Rosario (Rozenhoedkaai) —la foto de postal obligatoria— y el bucólico Begijnhof, un remanso de paz medieval junto al Minnewater (el Lago del Amor). Para apreciar estos encantos, nada como los paseos en barca por los canales no solo como una turistada, sino como la forma arquitectónica original de entender cómo se diseñó la ciudad comercial.
Para entender el impacto del nuevo espacio BRUSK, hay que sumergirse primero en el asombroso legado del siglo XV, la Edad de Oro de Brujas. La riqueza de la ciudad atrajo a los mejores pintores de la época, cuyos trabajos hoy se pueden contemplar casi en sus ubicaciones originales. El Museo Groeninge es una parada obligatoria para los amantes del arte. Este museo alberga una colección impresionante de los Primitivos Flamencos. Dos joyas absolutas deben mencionarse: la célebre Virgen con el canónigo Joris van der Paele, de Jan van Eyck, una cumbre de la minuciosidad y el realismo óptico de la época, y el soberbio Tríptico de Moreel de Hans Memling.
Completa el encuentro medieval el Hospital de San Juan (Sint-Janshospitaal), uno de los hospitales más antiguos y mejor conservados de Europa (siglo XII). Convertido en un monumental espacio museístico, es el auténtico santuario de Hans Memling, quien vivió y trabajó en la ciudad. Aquí descuella el Relicario de Santa Úrsula, una obra maestra tallada en madera y minuciosamente pintada que parece una catedral en miniatura.
Otra parada imprescindible es La Iglesia de Nuestra Señora. Además de poseer la segunda torre de ladrillo más alta del mundo (115,5 metros), su gran tesoro artístico es la "Madonna de Brujas". Se trata de una delicada escultura en mármol blanco de Carrara realizada por Miguel Ángel. Es la única obra del genio italiano que salió de Italia en vida del autor, adquirida por unos ricos comerciantes de telas brugueses en 1506. Además, el templo alberga los impresionantes mausoleos de bronce dorado de Carlos el Temerario y su hija, María de Borgoña.
Un paseo de Patrimonio
El trazado urbano de Brujas, declarado en su totalidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se articula a través de hilos conductores que mezclan el agua, la piedra gótica y la mística medieval. La Plaza Mayor es el gran escenario de la ciudad, flanqueada por fachadas de colores de los antiguos gremios. Coronando el paisaje se eleva el Campanario (Belfort), símbolo de la autonomía de la ciudad. Sus 366 escalones conducen a un espectacular mirador junto a su histórico carillón de 47 campanas, cuyo sonido sigue pautando la vida de la ciudad.
A pocos pasos de la Markt, la Plaza de Burg concentra un muestrario de arquitectura que va desde el gótico hasta el renacimiento. Aquí se ubica el Ayuntamiento (Stadhuis), uno de los más antiguos del continente (siglo XIV), cuyo Salón Gótico cuenta con una fastuosa bóveda de madera policromada. A su lado, la Basílica de la Santa Sangre fascina por su dualidad: una capilla inferior románica, sobria y oscura, y una capilla superior gótica donde se custodia y venera la ampolla con la reliquia de la sangre de Cristo.
Y, naturalmente no se ha visto Brujas sin pararse en el Muelle del Rosario, el punto geográfico más fotografiado de Flandes, donde el canal del Dijver gira dibujando una estampa idílica junto a sauces llorones y torres medievales. Recorrer los canales en barca ofrece la perspectiva arquitectónica original: muchas de las fachadas palaciegas se diseñaron para ser admiradas desde el agua, reflejo directo del estatus de sus propietarios.
Mejillones y mucho más
Brujas también se saborea a través de un contraste similar al de su arte: de lo artesanal a la vanguardia. La ciudad y la experiencia debe oler a chocolate artesanal de los talleres del cinturón histórico y a los icónicos moules-frites (mejillones con patatas fritas). Las patatas tienen incluso su propio templo: el Frietmuseum.
Brujas cuenta con instituciones vivas como la cervecería De Halve Maan (famosa por su "oleoducto" subterráneo de cerveza que cruza la ciudad) o la taberna 't Brugs Beertje, con cientos de referencias que son puro patrimonio líquido. Al calor del estreno de BRUSK, la zona del Dijver y el casco histórico albergan bistrós modernos, cafeterías de especialidad y locales acogedores (como el cercano Bar Lowie) que maridan a la perfección el diseño contemporáneo con la cocina de mercado flamenca.
Pero además de los clásicos gôfres, los mejillones y las patatas fritas de los puestos callejeros, vale la pena adentrarse en la verdadera esencia de la cocina flamenca, que destaca por su combinación de raíces taberneras, guisos profundos y un sutil equilibrio entre lo dulce y lo salado.
La cocina flamenca es, ante todo, una cocina de paciencia. Los inviernos y la humedad de la zona dieron forma a platos reconfortantes que utilizan la cerveza local como ingrediente vertebrador. La Carbonnade Flamande (Stoofvlees) es el plato nacional por excelencia, el secreto de un buen estofado en Brujas radica en los detalles de su preparación. Se trata de carne de ternera añeja cocinada a fuego muy lento durante horas en una base de cerveza tostada. La salsa adquiere una textura densa y brillante no por el uso de harina, sino porque tradicionalmente se introduce en la olla una rebanada de pan untada con mostaza fuerte que termina disolviéndose por completo, equilibrando el amargor de la malta con notas ácidas y dulces.
También Waterzooi, originario de la vecina Gante pero firmemente arraigado en Brujas, este plato es la antítesis ligera de la carbonnade. Es un guiso delicado y cremoso hecho con verduras de temporada (puerro, zanahoria, apio) y patatas, ligado al final con yema de huevo y nata. Aunque hoy en día es frecuente encontrarlo preparado con pollo, la versión más tradicional y costera se elabora con pescados blancos de la zona o rodaballo.
Una de las grandes delicias veraniegas y primaverales es Tomates aux Crevettes Grises, consiste en tomates maduros ahuecados y rellenos con una generosa cantidad de pequeñas gambas grises del Mar del Norte (peladas a mano, de sabor intensamente yodado y dulce), ligadas ligeramente con una mayonesa casera de calidad. Se sirve frío, normalmente acompañado de ensalada y las inevitables patatas fritas.
Para paladares curiosos, Anguilles au Vert es un plato icónico de la región fluvial. Trozos de anguila fresca se guisan en una salsa de un verde brillante elaborada con una enorme cantidad de hierbas silvestres locales: acedera, perifollo, menta, espinacas, salvia y perejil. La acedera le otorga un punto cítrico que corta la grasa natural de la anguila.
En definitiva, Brujas demuestra que su verdadera riqueza va mucho más allá de la fotogenia de sus canales o de esa deslumbrante vanguardia arquitectónica que define a su nuevo espacio cultural. La ciudad se despliega como un destino total donde los grandes hitos patrimoniales y los nuevos polos de agitación artística conviven en perfecto equilibrio con una cocina que transforma la paciencia en un arte comestible. Descubrir sus rincones, dejarse sorprender por el misticismo de sus guisos tradicionales o descifrar el talento de sus maestros chocolateros es el broche de oro para un viaje de contrastes; la confirmación de que Brujas no se conserva como una pieza de museo, sino como un patrimonio vivo, cálido y profundamente estimulante que invita, siempre, a volver.
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