Ibermúsica trae el "Sonido de Oro" de Dresde a Madrid

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Si hay una orquesta que suena a historia, es la Staatskapelle Dresden. Fundada en 1548, no es solo una agrupación musical; es un monumento vivo. El miércoles 20 de mayo a las 19:30, el Auditorio Nacional de Música se viste de gala dentro del ciclo de Ibermúsica para recibir a la formación sajona bajo la batuta de su director titular, el maestro milanés Daniele Gatti. No es una noche cualquiera. Hay un respeto reverencial cuando se habla de la Staatskapelle. ¿Por qué? Porque tienen lo que los expertos llaman "el sonido de oro": un color cálido, profundo y empastado que han conservado durante siglos, sobreviviendo a guerras y revoluciones. Daniele Gatti, conocido por su precisión casi quirúrgica y su intensidad emocional, ha diseñado un programa que es un auténtico viaje sensorial.
 
El concierto arranca con el Preludio y la Música del Viernes Santo de Parsifal. Si alguien sabe tocar a Wagner, son ellos. La orquesta suena como un órgano gigante; las cuerdas parecen flotar en el aire del Auditorio. El Parsifal no es solo una elección de repertorio; es una cuestión genética. Cuando los metales de Dresde entonan el tema del Grial, no estás escuchando una interpretación, estás escuchando la tradición oral de una orquesta que estrenó obras como El holandés errante o Tannhäuser. Es lo más parecido a una máquina del tiempo sonora.
 
Tras lo mejor de Parsifal, el gran protagonista de la primera parte es Gautier Capuçon, el violonchelista francés que es puro carisma. Interpreta el Concierto núm. 1 de Saint-Saëns. Es un diálogo vibrante donde el chelo de Capuçon canta con una elegancia que parece fácil, pero que es técnicamente endiablada.
 
Tras el descanso, el escenario se llena de colores con La Mer. Escuchar esta obra con la transparencia de la Staatskapelle es como ver las olas del Atlántico romper directamente sobre las butacas de la Sala Sinfónica. Para cerrar, volvemos a Wagner con el Preludio y Muerte de amor de Tristán e Isolda. Es esa música que te deja pegado al asiento, conteniendo la respiración hasta que la última nota se apaga en el silencio más absoluto.
 
¿Por qué es especial esta noche? Porque es la consolidación de Gatti como líder de esta histórica orquesta en Madrid. Además, es el aperitivo perfecto para los que repitan el jueves 21, cuando la orquesta se unirá al Orfeó Català para interpretar el colosal Réquiem de Verdi.
 
Wagner y Dresde: Un idilio de siglos
 
Para entender por qué la Staatskapelle Dresden toca a Wagner como nadie, hay que recordar que el compositor fue el Kapellmeister (director de capilla) de esta misma orquesta durante años. Él no solo la dirigía, sino que moldeó su sonido para que se adaptara a sus óperas.
 
Ibermúsica lo ha vuelto a hacer. Traer a Dresde es traer la esencia misma de la música europea a Madrid. Una noche para cerrar los ojos y dejarse llevar por el sonido de los siglos. Un dato curioso: Richard Wagner llamaba a esta orquesta su "Arpa Prodigiosa". Tras escuchar los primeros acordes de esta noche, se entiende perfectamente por qué.
 
Si el concierto del miércoles es un despliegue de texturas y colores orquestales, la cita del jueves 21 de mayo es, sencillamente, un evento sísmico. Pasamos de la introspección de Wagner a la teatralidad volcánica de Giuseppe Verdi.
 
Una ópera con ropajes litúrgicos
 
El jueves, el Auditorio Nacional cambiará por completo de registro. El Réquiem de Verdi es, posiblemente, la obra sacra más "terrenal" y dramática jamás escrita, obra capital del repertorio sacro y una de las partituras más sobrecogedoras del compositor italiano. Verdi, que era un hombre de teatro, compuso una misa de difuntos que se siente como una ópera de gran formato. Toda la obra es perfecta, pero hay que estar atentos al impacto del "Dies Irae" y al momento en que los cuatro bombos situados en lo alto y la masa coral estallan al unísono. Es el sonido del Juicio Final. La Staatskapelle, bajo la dirección de Daniele Gatti, suele imprimir una energía casi violenta y oscura a este pasaje, contrastando con la delicadeza casi celestial del "Libera me". El director milanés juega en casa con Verdi. Su batuta es capaz de controlar el caos de una masa sonora gigantesca sin perder un ápice de elegancia italiana.
 
El toque de distinción de esta segunda noche lo pone el Orfeó Català. Que la mítica institución con sede en el Palau de la Música de Barcelona viaje a Madrid para unirse a los de Dresde es un acontecimiento en sí mismo. El Orfeó aporta una calidez y una fuerza expresiva que encaja a la perfección con el dramatismo verdiano. La preparación de sus voces permite pasar del susurro del introito al clamor heroico del Sanctus con una naturalidad pasmosa. Ver al Orfeó Català (símbolo del modernismo y la cultura catalana) fundirse con la sobriedad alemana de la Staatskapelle crea un puente cultural bajo la batuta de Gatti que es, precisamente, lo que hace grandes a los ciclos de Ibermúsica.
 
Si el miércoles es una noche de "pintura sonora" y virtuosismo al chelo, el jueves será una noche de emoción física. Es un concierto de los que se sienten en el pecho por la vibración del coro y la potencia de los metales. Una despedida de la orquesta de Dresde por todo lo alto, dejando claro que, sea con el misticismo alemán o con la pasión italiana, son una de las mejores formaciones del planeta.
 
El "instrumento perfecto"
 
La Staatskapelle Dresden no es simplemente una orquesta; es, según muchos críticos y directores, el "instrumento perfecto". Es fundamental entender que esta formación es una de las poquísimas en el mundo que ha logrado preservar un sonido propio, inalterado por la globalización musical. Fundada en 1548 por el príncipe elector Mauricio de Sajonia, es una de las orquestas más antiguas del mundo. A diferencia de las orquestas americanas, y algunas otras europeas, que suelen ser brillantes y potentes, Dresde suena oscura, aterciopelada y cálida. Se dice que sus maderas suenan como voces humanas y sus cuerdas tienen una profundidad que recuerda al barniz de un violín antiguo. En 2007, la Staatskapelle Dresden se convirtió en la primera y única orquesta en recibir el Premio de la Fundación Europea de la Cultura por la preservación del patrimonio musical mundial.
 
Cuando los músicos de Dresde suben al escenario de Ibermúsica, no traen solo partituras; traen consigo el aire de los bosques de Sajonia y el peso de cinco siglos de excelencia ininterrumpida. Escucharlos es, literalmente, escuchar la historia de Europa.
 
56 años de buena música
 
Ibermúsica fue fundada por Alfonso Aijón en 1970, quien se propuso traer a España las mejores agrupaciones sinfónicas del mundo. Desde entonces Ibermúsica, ha evolucionado en concordancia con los tiempos conservando la calidad artística, el rigor y la pasión por el arte y la música. La institución ha trabajado durante 56 años y la relación de artistas que han debutado en España de la mano de Ibermúsica es enorme, gracias a la profesionalidad que ha sido consigna de esta casa. Asimismo, gracias a Ibermúsica se han estrenado en España numerosas obras de compositores tan relevantes como Stravinsky o Shostakovich. De la mano de Llorenç Caballero, actual Director General de la compañía, Ibermúsica sigue apostando por traer a nuestro país la mejor música con los mejores directores, solistas y orquestas del mundo en Madrid.
 
Quienes estén interesados en adquirir localidades, hay pocas disponibles en: www.entradasinaem.es; tel.: 902 22 49 49 o directamente en las taquillas del Auditorio Nacional de Música.
 
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