Espectacular reinicio de temporada de Ibermúsica con tres grandes citas sinfónicas en el Auditorio Nacional

Tras el paréntesis invernal, la temporada de Ibermúsica vuelve a cobrar impulso en el Auditorio Nacional de Música de Madrid con una intensa secuencia de conciertos los días 26, 27 y 28 de enero, protagonizados por destacadas orquestas internacionales, directores de primera fila y solistas de reconocido prestigio. Tres veladas que reafirman el compromiso de la histórica promotora con la excelencia artística y con una programación que combina tradición, diversidad estilística y grandes nombres del panorama sinfónico actual.
La reanudación de la temporada se produce en un momento clave del curso musical, cuando el público regresa a las salas y la actividad concertisca entra en uno de sus periodos de mayor intensidad. Fiel a su trayectoria, Ibermúsica propone una programación que pone el acento tanto en el gran repertorio centroeuropeo como en la presencia de intérpretes que marcan el pulso de la escena internacional.
El lunes 26 de enero será la Bamberger Symphoniker la encargada de inaugurar esta nueva etapa de la temporada. La orquesta alemana, una de las formaciones más sólidas del panorama europeo, vuelve al Auditorio Nacional bajo la batuta de su director titular, Jakub Hrüsa, figura de referencia en la interpretación del repertorio centroeuropeo y eslavo. El programa combina energía orquestal y lirismo, con obras que recorren distintas tradiciones nacionales. La velada incluye una obertura de Bedrich Smetana, ejemplo del romanticismo checo más vibrante, y culmina con la Sinfonía núm. 5 en Fa Mayor de Antonín Dvorák, una obra luminosa y vital que refleja la creciente madurez creativa del compositor checo. En ella se percibe con claridad la influencia de la tradición sinfónica alemana, especialmente de Beethoven y Schumann, combinada con un lenguaje melódico personal y un fuerte vínculo con el folclore de su tierra natal.
La sinfonía destaca por su frescura rítmica, su riqueza melódica y su carácter optimista, con movimientos llenos de energía y contrastes bien equilibrados. Aunque durante años fue menos conocida que otras sinfonías posteriores del compositor, hoy se valora como una pieza clave en la evolución de su estilo y como un ejemplo temprano de su inconfundible voz sinfónica. compositor estrechamente vinculado al espíritu musical de Bohemia y al desarrollo de la gran forma sinfónica en el siglo XIX.
Uno de los grandes atractivos del concierto será la participación de la violonchelista Sol Gabetta, una de las violonchelistas más elogiadas de nuestro tiempo, habitual de los principales escenarios internacionales, que abordará el Concierto para violonchelo de Edward Elgar, una de las páginas más profundas y emotivas del repertorio concertante. Escrita tras la Primera Guerra Mundial, refleja un clima de introspección, melancolía y elegía, muy distinto del tono grandilocuente de otras obras anteriores del compositor británico. La partitura se caracteriza por un diálogo íntimo entre el solista y la orquesta, con un protagonismo del violonchelo marcado por largas líneas cantables y una expresividad contenida. Estructurado en cuatro movimientos, el concierto combina momentos de lirismo sereno con pasajes de mayor tensión emocional, culminando en un final que retoma el tono meditativo del inicio.
Convertido hoy en una obra fundamental del repertorio para violonchelo, el concierto alcanzó una enorme popularidad en la segunda mitad del siglo XX y es considerado una de las creaciones más personales y emotivas de Elgar. La combinación de la solista con la dirección de Hrusa y el sonido característico de la Bamberger promete una lectura de gran intensidad expresiva.
Lo mejor de Rachmaninov y Mahler
Los días 27 y 28 de enero, el foco se desplaza hacia Norteamérica con la visita de la Toronto Symphony Orchestra, una de las principales formaciones sinfónicas de Canadá, que protagoniza dos conciertos consecutivos en el marco de la temporada de Ibermúsica. Dirigida por Gustavo Gimeno, la orquesta presenta dos programas de marcado contraste, que permiten apreciar tanto su versatilidad como su riqueza de timbres.
El martes 27, el protagonismo recae en el piano, con la participación del solista Bruce Liu, una de las figuras emergentes más destacadas del panorama internacional. El programa incluye el Concierto para piano nº 2 de Serguéi Rachmaninov, una de las obras más populares del repertorio romántico tardío, caracterizada por su amplitud melódica, su virtuosismo y su carga emocional. La obra dialoga con páginas sinfónicas que completan una velada de gran atractivo para el público.
Compuesto en 1901, nació en un momento crucial: Rachmaninov atravesaba una profunda crisis tras el fracaso de su Primera Sinfonía, y este concierto marcó su renacimiento creativo. La obra comienza con unos acordes graves del piano que parecen emerger desde las profundidades, creando una atmósfera misteriosa y expectante. A partir de ahí, Rachmaninov despliega melodías amplias y apasionadas, de una emotividad arrebatadora, que han cautivado tanto al público de las salas de concierto como al del cine. Lo extraordinario de este concierto es cómo combina virtuosismo pianístico deslumbrante con una expresividad profundamente humana. Las melodías parecen cantar con nostalgia infinita, evocando paisajes rusos, amor y melancolía. El segundo movimiento, especialmente, con su tema lírico sublime, es de una belleza que roza lo espiritual.
El miércoles 28 de enero, la Toronto Symphony Orchestra regresa al escenario del Auditorio Nacional con un programa centrado en la Sinfonía nº 4 de Gustav Mahler, una obra clave dentro del ciclo sinfónico del compositor austríaco. Es la más luminosa y accesible de sus sinfonías, una obra que nos invita a contemplar el mundo con ojos de niño. Compuesta entre 1899 y 1900, contrasta con la monumentalidad y angustia de otras sinfonías mahlerianas para ofrecernos una visión más serena y hasta irónica de la existencia.
Mahler construye aquí un universo sonoro lleno de cascabeles, melodías ingenuas y momentos de ternura casi infantil. Pero bajo esa aparente sencillez late la complejidad típica del compositor, con giros inesperados, ironías y sombras que atraviesan la luminosidad como nubes pasajeras. El gran secreto de esta sinfonía está en su último movimiento, donde entra una voz de soprano cantando un poema de Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del niño) que describe el paraíso celestial con encantadora ingenuidad: un cielo donde los santos bailan, los ángeles hornean pan y San Pedro pesca. Es una visión del más allá vista desde la inocencia infantil, tierna pero también ligeramente inquietante.
Con apenas 50 minutos de duración (breve para Mahler), esta sinfonía es como un cuento de hadas sofisticado: nos habla de la búsqueda de un paraíso perdido, de la nostalgia por la inocencia, todo ello envuelto en una orquestación delicada y llena de color. Una joya perfecta para quien quiera adentrarse en el universo mahleriano. Este concierto supone una oportunidad para escuchar una lectura contemporánea de Mahler a cargo de una orquesta que ha ido consolidando su presencia internacional y de un director, Gustavo Gimeno, especialmente valorado por su claridad estructural y su atención al color orquestal.
Acompañan a la Cuarta de Mahler, varias obras cortas y poco conocidas que enriquecen el programa. El canadiense-estadounidense Rufus Wainwright que sobre todo es conocido por su versión de «Hallelujah» de Leonard Cohen, que aparece en la película Shrek, con el Soneto 20. También Curiosity, Genius, and the Search For Petula Clark, composición de la canadiense Kelly Marie Murphy encargada por la Toronto Symphony Orchestra que ahora visita Ibermúsica, para celebrar el 85.º cumpleaños del prodigio del piano Glenn Gould y el 70.º aniversario de su debut con la Sinfónica de Toronto. La Escena de Berenice de Haydn fue escrita para la célebre soprano dramática Brigida Giorgi Banti, quien parece que tuvo una mala noche en el concierto del estreno, pues el compositor escribió en su diario que “cantó muy pobremente”. Sin embargo, Haydn estaba encantado con el éxito general de la obra en la que la desconsolada heroína lamenta con delirio su destino y anhela morir junto a su amado.
Con estos tres conciertos, Ibermúsica retoma su temporada manteniendo las señas de identidad que la han convertido en una referencia de la vida musical española: la presencia de grandes orquestas internacionales, la colaboración con solistas de primer nivel y una programación equilibrada entre obras muy conocidas y otras que invitan a una escucha más atenta. La serie de conciertos de finales de enero no solo marca el regreso de la actividad tras el descanso navideño, sino que subraya el papel del Auditorio Nacional de Música como epicentro de la vida sinfónica madrileña y el compromiso de Ibermúsica con una oferta artística de máxima calidad. Un inicio de año que confirma que la temporada avanza con ambición y con una clara vocación internacional.
56 años de buena música
Ibermúsica fue fundada por Alfonso Aijón en 1970, quien se propuso traer a España las mejores agrupaciones sinfónicas del mundo. Desde entonces Ibermúsica, ha evolucionado en concordancia con los tiempos conservando la calidad artística, el rigor y la pasión por el arte y la música. La institución ha trabajado durante 55 años y la relación de artistas que han debutado en España de la mano de Ibermúsica es enorme, gracias a la profesionalidad que ha sido consigna de esta casa. Asimismo, gracias a Ibermúsica se han estrenado en España numerosas obras de compositores tan relevantes como Stravinsky o Shostakovich. De la mano de Llorenç Caballero, actual Director General de la compañía, Ibermúsica sigue apostando por traer a nuestro país la mejor música con los mejores directores, solistas y orquestas del mundo en Madrid.
Quienes estén interesados en adquirir localidades, aún hay disponibles en: www.entradasinaem.es; tel.: 902 22 49 49 o directamente en las taquillas del Auditorio Nacional de Música.
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